Archivo mensual: octubre 2014

Hasta siempre, Ramiro Pinilla

Hoy ha muerto Ramiro Pinilla, a los 91 años. Lamento su muerte como si fuera la de alguien cercano porque, para mis sentimientos de lector, lo fue y lo es, y lamento profundamente que ya no volvamos a ver publicadas nuevas obras suyas (a excepción de las publicaciones póstumas que, seguramente, encontraremos en las librerías).

¿Quién fue Ramiro Pinilla en el panorama literario español, en el macroclima de las grandilocuencias y las vanidades? Pues fue uno de los escritores más libres y más inteligentes de nuestro país, y lo digo rotundamente. Es ya archisabido, se ha repetido muchas veces como extravagancia, y sin embargo es sensatez: se apartó voluntariamente, valientemente, de los focos de la gloria y la fama, de sus servidumbres, y se consagró a lo que le hacía disfrutar, a lo que le hacía feliz de verdad: imaginar y escribir. Esta decisión le aportó soledad, quietud y libertad, así que nunca lo habíamos nombrado cuando nos referíamos a las circenses trifulcas de la República las Monarquías de las Letras en España (el plural es intencionado). No le mencionábamos porque, sencillamente, no le conocíamos. Así fue. Mientras a menudo estábamos entretenidos, distraídos, con las tontunas de los perezrevertes, celas, umbrales, pradas y otros nunca suficientemente halagados cortesanos, un señor de Bilbao, un modesto funcionario del Ayuntamiento de Getxo, escribía incansable y pacientemente una obra extraordinaria y monumental, fruto del silencio y la sabiduría. En Getxo vivía nuestro Cervantes contemporáneo (y no exagero un ápice), pero esta vez sin mecenas ni visitas a Palacio.

Descubrí sus libros, si no recuerdo mal, hacia 2006, cuando estaba reciente la publicación de Verdes valles, colinas rojas. No tardé mucho en situarlo entre mis escritores favoritos, hasta hoy y para siempre. No tardé en leer otros títulos que, muy generosamente según se dice, rescató y publicó Tusquets (Las ciegas hormigas, o el durísimo, e incluso más que durísimo, Antonio B. el ruso, ciudadano de tercera, por poner un par de ejemplos). No tardé en adquirir el hábito de buscar su apellido en las estanterías de cualquier librería por si, despistado de mí, se hubiera publicado algún título más sin que me hubiese enterado.

Por otro lado, ha sido Ramiro Pinilla el escritor que me ha llevado hasta William Faulkner, de quien he devorado Sartoris y El ruido y la furia (así, en ese orden, tal y como aconsejaba el propio Faulkner). Normalmente, tradicionalmente, en España se llegaba a Faulkner vía Juan Benet, que no es mal camino en absoluto, pero en mi caso ha sido distinto. Era una de las grandes influencias literarias de Ramiro Pinilla, y eso se notaba en su estilo (que buscaba la máxima expresividad con sencillez y economía de medios literarios), en la creación y formación de sus personajes y en la creación, igualmente, de un territorio literario muy particular: en este caso, Getxo. Además, por si faltaban referentes válidos, incluyamos a Henry D. Thoreau, maestro de vida y actitudes.

Hasta siempre, Ramiro. Gracias por todo.


Club de Lectura. 24ª sesión, de Daniel Pennac a Julio Llamazares

El pasado martes, 7 de octubre, hemos comenzado la tercera temporada del Club de Lectura de la Biblioteca Pública (sí, sí: pública) del Estado Bartolomé J. Gallardo, en Badajoz. Fue, entre otras cosas, una sesión de reencuentros con lectores (y amigos) anteriores y de encuentro con los nuevos miembros del Club. Hice la presentación con los inevitables nervios del primer día, pero uno se percata en seguida de que está ante un grupo de personas tan afables y tan predispuestas a disfrutar del Club, que finalmente los nervios pierden sentido, y desde luego pertinencia.

Ahí estaban, mientras hablaba, los repetidores: Manoli Romero, tan entusiasta que viene desde Montijo sólo para poder asistir; Jesús, profesor de Filosofía que llevaba libros de Bernhard y se disculpaba por haber faltado a las últimas sesiones; Yolanda Díaz, que toma notas mientras lee y con quien mágicamente coincido en la pasión por ciertos extravagantes autores (Galdós, Steinbeck…); Carmen Molina, que consigue emocionarme mientras explicaba cómo gracias al Club había descubierto autores a los que, de otra manera, nunca (quizás) habría leído; José Luis Martín, un lector por imperativo vital siempre atentísimo a lecturas de las que llaman minoritarias; Cándido, el Candi, disfrutador de todo lo que hace (y, para saberlo, sólo hay que conocerle): también de nuestras lecturas; Javier Millán, siempre irónico, siempre culto, siempre un punto de vista singular; Pedro Luis, preciso y elegante en sus intervenciones; Paqui, nuestra Paqui, que lee con el corazón más que con la vista, y así nos lo muestra luego cuando expresa sus apreciaciones. Otros no pudieron venir en esta ocasión. Les espero: Juanjo Toresano, un ciclón de vitalidad lectora; María de la Cruz, para quien los libros siempre serán armas cargadas de futuro; José Antonio Álvarez, economista y bilbaíno, todos nos callamos súbitamente cuando toma la palabra, y con eso está dicho todo.

¿Y los nuevos? Pues una incógnita, claro. Son Lorenzo, Inmaculada, Leonor, Inés, Mª Ángeles, José Antonio (Fifo), Antonio, Patricia, Laura, Mª Carmen, Mª Teresa, Ángeles, Alba, Mª José y Olga. ¡¡¡Bienvenidos!!! Se presentaron y hablaron de sus lecturas de verano, la única referencia que, como lectores, tengo de ellos. Y sí, fue suficiente: mencionaron a Pío Baroja y a Raymond Chandler, por citar a algunos, y si pensamos en lo que suele entenderse como lectura de verano, pues… uff, qué nivel. Después, a propósito de los Derechos del Lector elaborados por Daniel Pennac, intervinimos todos y esta primera sesión fue, como lo ha sido durante las dos temporadas pasadas, un placer para todos. Más aún: el microclima de cultura y entendimiento que nos gusta crear entre todos.

Leeremos durante los próximos quince días La lluvia amarilla, de Julio Llamazares, editada por Seix/Barral, y la leeremos contracorriente, a sabiendas de que hoy por hoy no se llevan las narraciones introspectivas que se demoran con delectación en los paisajes poéticos de la naturaleza o del alma o la conciencia.

Os dejo algunos enlaces interesantes (además de los tres enlaces que ya están en el texto):

1. Los Derechos del Lector, promulgados y explicados por su autor, Daniel Pennac.

2. El documental Ainielle tiene memoria.

3. Un recentísimo reportaje sobre millonarios que compran en España aldeas abandonadas, y…

4. El artículo que Julio Llamazares ha escrito a propósito de dicho reportaje.


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