Club de Lectura. 26ª sesión: de Boris Vian a Jorge Luis Borges

Boris Vian (fotografía tomada de Wikipedia)

Boris Vian
(fotografía tomada de Wikipedia)

Animadísima sesión de nuestro Club de Lectura de la Biblioteca Bartolomé J. Gallardo. Habíamos leído Que se mueran los feos, de Boris Vian, una novela divertida, imprevisible, alocada y gamberra de un autor muy singular. Con elementos, estructura y diálogos propios del género (o subgénero) policiaco, así como de la ciencia ficción, Que se mueran los feos es finalmente una parodia de estos tipos de narración; pero es también algo más. Veamos.

Sospechaba que habría disparidad de comentarios con respecto al libro, y así fue: para empezar, Yolanda, Pedro Luis o Paqui expresaron, con más o menos reservas, su disgusto con una narración sin sentido, ni siquiera sentido del humor y decididamente pésima. Añadieron que no tiene una estructura clara, que parece improvisada, que carece de valores literarios claros, que los personajes son muy planos y simplones… Es verdad que esta novela no es la mejor de Boris Vian; cabe decir que a Vian se le recuerda más por otros títulos (La espuma de los días o La hierba roja, por ejemplo, así como sus poemas y canciones), pero los valores de Que se mueran los feos son muy distintos a los de las obras que acabo de citar: hay que leerla con otras claves, con otra mirada. Esas otras claves/miradas fueron expresadas por los demás compañeros del Club con el entusiasmo suficiente como para que, al final de la sesión, Yolanda expresara que le había encantado escucharnos (dando en el blanco de lo que es un Club de Lectura: un intercambio de puntos de vista entre un grupo de aguerridos lectores dispuestos a modificar sus propios pareceres y comprender empáticamente los ajenos). Por su parte, Laura comentó que tampoco le había gustado, pero que… no había podido dejar de leerla, que la narración le seducía. Bien, pues tiremos de este hilo: ¿por qué puede seducirnos, engancharnos, una narración disparatada que puede no gustarnos demasiado?

En general, a todos nos pareció una obra muy divertida, dinámica y, sobre todo, paródica. Ahí está la clave: Que se mueran los feos es una parodia completa del género policiaco y sus modelos de personajes, de sus estructuras, de sus tramas, de sus diálogos… Sólo así se entiende el descontrol narrativo, la falta de trascendencia e importancia de la que hablaban Lorenzo y Candi (quienes aclaraban que esas carencias son deliberadas, que así lo habría querido el autor). Lo más destacable, pues, estaría en el tono vital, en la pasión que el libro destila, en la completa libertad con la que ha sido escrito, siendo finalmente, por resumir, un elogio de la juventud y sus impulsos de toda clase.

José Antonio (Fifo) la relacionó agudamente con El laberinto de las aceitunas, de Eduardo Mendoza; Leonor y Paqui se la iban imaginando como un cómic (Sin City, citó Leonor); Alba la relacionó con 1984, de George Orwell, por los aspectos truculentos de la historia; José Luis construyó un razonamiento que comenzaba en el cine policiaco de la época y terminaba en Lévi-Strauss y los estructuralistas, pasando por las corrientes literarias del absurdo y su sentido del humor, además de Aldous Huxley; Antonio y yo mismo citamos a Raymond Chandler y Dashiell Hammett; Javier valoró, en las primeras páginas de este mundo al revés, al guaperas protagonista, Rocky Bailey, como un alma femenina acosada por las mujeres, mientras que las mujeres adoptan generalmente (por no decir siempre) un comportamiento arquetípicamente masculino. Realmente, entre todos sacamos bastantes referencias, siendo una conclusión aceptable para todos que la literatura es, entre otras muchas cosas, juego y libertad creativa (como aprendimos para siempre al leer a Julio Cortázar, por ejemplo). Y risas. Y un poco de locura. Y un poco de sinsentido y exceso, en la mejor tradición, francesa en este caso, de Rabelais o Voltaire. Y no tomárselo todo demasiado en serio: recordemos que Boris Vian escribió esta novela justo después de la II Guerra Mundial, y es perfectamente comprensible la pendulación hacia el humor desenfrenado tras semejante despliegue de salvajismo colectivo. Esta consideración motivó asimismo que Antonio, en su lectura, destacara temas muy serios, e incluso actuales, bajo la sátira de la narración: el descarnado racismo/fascismo y sus proyectos de creación de un mundo de guapos que quiere realizar un tal Markus Schulz, malo malísimo de esta aventura y antagonista de nuestro guapísimo detective improvisado Rocky Bailey.

Para terminar, no quiero dejar pasar cómo Javier señaló, con un punto de cándida malignidad, que el título de esta obra (Que se mueran los feos) bien pudiera ser una alusión a Jean-Paul Sartre. Se sabe que la mujer de Boris, Michelle Vian, comenzó una relación con Sartre y, naturalmente, el matrimonio se vino abajo. A todo esto, Boris y Jean-Paul eran amigos hasta ese momento.

Cambiamos completamente de registro el próximo día: habremos leído El Aleph, del grandísimo Jorge Luis Borges, y expondremos nuestros puntos de vista sobre una obra que, a su vez, es un festín de puntos de vista.

Os dejo a todos, como siempre, algunos enlaces interesantes (para ir abriendo boca, para disfrutar aún más…, para lo que se quiera):

  1. Una interesantísima entrevista a Borges en el programa A fondo, de TVE, en 1976.
  2. Algunos poemas, recitados por el propio Borges.
  3. El podcast de un programa de RNE: Borges en su laberinto, emitido el 11/04/2003.
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