Club de Lectura. 27ª sesión: de Jorge Luis Borges a Ramón J. Sender

Jorge Luis Borges (fotografía de Wikipedia)

Jorge Luis Borges
(fotografía de Wikipedia)

Una vez leído El Aleph, de Jorge Luis Borges, nos dispusimos a comentarlo en la sesión correspondiente del Club de Lectura de nuestra Biblioteca. Sin duda alguna, Borges es uno de los más grandes autores de la literatura universal. Así, con todas las letras. Podríamos elegir a ciegas cualquiera de sus títulos y disfrutar con textos que no han envejecido ni han perdido pulsión emocional o artística. Sin embargo, las apreciaciones de los lectores del Club no fueron unánimes en este sentido: para algunos, El Aleph es una genialidad, una maravillosa colección de relatos; para otros, un libro inalcanzable, de vuelos filosóficos muy altos o demasiado altos; y, entre estos últimos, los hubo que acudieron al ejercicio de distinguir la fábula del trasfondo filosófico con vistas a no perderse en los laberintos del pensamiento borgiano (lejos de ser reprochable, la considero una buena estrategia de lectura que podría anunciar relecturas en otros momentos).

Inevitablemente, salieron a colación algunos de las cuestiones más conocidas y polémicas en torno a la proyección pública de Borges: su vastísima cultura, su europeísmo y cosmopolitismo, su torre de cristal intelectual, cierto grado de distanciamiento aristocrático, su (aparente) decantación por la razón frente al sentimiento y, finalmente, sus palabras de apoyo a la entonces incipiente y por siempre despreciable dictadura de Videla en Argentina. Con respecto a esto último, habría que decir, e insistir todo lo que haga falta, que Borges comprendió muy pronto su error y que se retractó pública y firmemente. Creo que a un escritor de esta altura, coherente y con capacidad y valentía como para reconocer públicamente un error de este calibre, se le debería juzgar con menos severidad en este punto. Su aportación literaria y vital a este mundo en el que vivimos, a su siglo XX/cambalache y a los venideros, merecería que zanjáramos definitivamente esta polémica.

Así que, retomando lo que habíamos comenzado, Inma, José Antonio, Olga, Manoli, Antonio, Javier, Laura y Benjamín disfrutaron mucho con esta lectura. Cada uno, a su manera. Alabaron la concisión y precisión de su estilo narrativo, sin barroquismos tan innecesarios como fuera de las vanguardias en las que Borges se formó; la finísima ironía de muchas de sus líneas; la empatía del autor con sus personajes (incluso aquellos cuyo comportamiento o actitudes pudieran considerarse censurables, o aquellos que, por tradición cultural, se encuentran en nuestra memoria colectiva desempeñando un triste papel: el Minotauro, por ejemplo); las conexiones literarias con Poe, Chéjov o Cortázar, que señalaba Antonio; y, quizás lo más llamativo, los distintos puntos de vista que el autor adopta para narrar y que el lector, aceptando el juego (pactado implícitamente, claro) asume y disfruta. Javier, por ejemplo, expresaba que si este libro se ha leído sólo una vez, entonces no se ha leído. José Antonio confesaba haberlo leído ya varias veces, y añadía: siempre es como si fuese la primera vez. Manoli, que no conocía El Aleph, mostró su alegría por haberlo leído: mencionó los relatos El inmortal, Emma Zunz y La casa de Asterión como los mejores del libro. Benjamín resaltó el gusto por lo árabe que se aprecia en algunos relatos.

Minotauro, según Georges F, Watts (reproducción de Wikipedia)

Minotauro, según Georges F, Watts
(reproducción de Wikipedia)

Por contra, Lorenzo, Paqui, Pedro Luis, José Luis y Candi mostraron diverso tipo de objeciones. La objeción más original la aportó Candi, quien propuso que organizáramos una velada junto a una chimenea para leer El Aleph todos juntos. A ver si así acabo de comprenderlo, dijo. En efecto, las críticas fueron por ese lado: las dificultades para comprender, al menos en ocasiones, unos textos que plantean problemas filosóficos cuya resolución o comprensión precisa de herramientas suficientes en manos del lector. Laberintos, espejos, el mismo aleph, desiertos insondables, citas bibliográficas (reales o ficticias), y a su vez citas de citas…, todos ellos son símbolos del código borgiano con el que se trata de explicar el universo y nuestra función en el mundo, en un aquí y ahora sin respuestas y, quizás, sin salidas (su complejidad, su infinitud, sus niveles, conviviendo con su pequeñez y fragilidad…) Así, se habló de intelectualismo frente a sentimiento, cerebro frente a corazón. Pedro Luis se refirió a líneas, párrafos, que le habían conmovido, pero que no había llegado a entender a Borges. ¿Debería pedir perdón por ello?, añadió. Claro que no, pero tal vez si en otro momento volviera a intentar la lectura…

Para la próxima ocasión, y también con idea de cambiar completamente de registro y estilo, leeremos La tesis de Nancy, de Ramón J. Sender, un autor que podría estar mejor valorado si en nuestro país tuviésemos mejor autoestima. Es verdad (me anticipo) que La tesis de Nancy no es su mejor libro, pero nos permite debatir sobre las particularidades de nuestro país (otros dicen esencias, qué palabra) y entrar en la estela de autores que, junto a Sender, miraron nuestro país desde fuera y lo criticaron tanto como lo quisieron: Borrow, Brenan…

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2 responses to “Club de Lectura. 27ª sesión: de Jorge Luis Borges a Ramón J. Sender

  • Alba

    hola! Dado que el martes pasado no tuve ocasión de ir, ni de leer el libro teniendo en cuenta los examenes, me quedé con ganas de veros las caras y ser oyente o participante de vuestros combates de opinión. Este martes tengo pensado asistir, aunque aún no pude ni recoger el libro de la biblioteca (voy con una semana de retraso!!).
    Por cierto, un amigo me ha dicho que le gustaría formar parte del club también, aún se podría unir?
    Un saludo, camaradas de lectura!!!
    Alba

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    • verbasunt

      Hola, Alba. No te preocupes por el retraso. Continúa con el próximo libro y ya está. Acumular lecturas pendientes “por obligación” es perjudicial para el placer de leer. Este martes hablaremos sobre Botcham, del japonés Natsume Soseki. Y el próximo (que leerías si te reincorporas) es de Roberto Bolaño (buenísimo). Más: si tu amigo quiere venir, perfecto, pero que se inscriba primero en la Biblioteca (puede hacerlo on-line).

      Bsos.

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