Archivo mensual: febrero 2015

Club de Lectura. 29ª sesión: leemos a Natsume Sōseki

Natsume Soseki (fotografía de Wikipedia)

Natsume Soseki
(fotografía de Wikipedia)

En nuestro Club, por norma no escrita, leemos obras que suponen un continuo viaje por la literatura universal. Vamos de acá para allá y nos detenemos en los más insólitos parajes, en obras y autores de todo tipo, en cualquier latitud, cualquier cultura y cualquier lengua. Huimos, como de la peste, de todo prejuicio, de todo ombliguismo nacional y toda mala literatura. Sin embargo, al cabo 28 sesiones aún no habíamos recalado en Asia. Sería labor de titanes tratar de dilucidar por qué en España no leemos literatura asiática (o africana) en el grado en que sí lo hacen en otros países europeos, porque es muy significativo.

Así que hemos leído al japonés Natsume Sōseki (pseudónimo de Natsume Kinnosuke). Siendo Sōseki [terco, testarudo] nombre y Natsume apellido, respetamos aquí el orden que prefieren los japoneses. Ahí lo ven ustedes, en la fotografía, con esa pose en la que más bien parece Benito Pérez Galdós; con aire del siglo XIX pero ya en el XX; japonés de pies a cabeza pero vestido a la europea. Y esto que digo fue precisamente su drama y su virtud, el motivo por el que en cierto momento de su vida se decide a escribir y deja, para la posteridad de miles y miles de japoneses que leen sus obras con devoción, los temas y planteamientos que le han hecho célebre y clásico: la transición del Japón medieval al Japón moderno y occidentalizado, el abandono de costumbres viejas y la adopción de otras (foráneas y con un sentido más práctico de la vida), el medio rural y el urbano…, dicotomías que Sōseki va desarrollando en obras de planteamiento muy occidental (el mismo género de la novela ya lo es), en tramas y argumentos que tienen mucho que ver con el Bildungsroman o novela de aprendizaje, y al decir esto estamos hablando esencialmente de descubrimiento del mundo y de la perplejidad o el asombro que supone, e igualmente de un proceso de transformación en el protagonista paralelo a otros procesos que, en este caso, son políticos, sociales, económicos y culturales. Por otro lado, recordemos cómo, en otras latitudes y en momentos históricos críticos similares a este, siempre se han escrito obras que plantean esta disyuntiva trágica: civilización o barbarie (y con esto tomo prestado el título que Domingo F. Sarmiento, en Argentina, a finales del XIX, dio a su principal obra).

Portada de la adaptación a dibujos animados ("anime") de Botchan, de 1980

Portada de la adaptación a dibujos animados (anime) de Botchan, de 1980

Botchan, título de la novela y apodo del protagonista (significa niño mimado, o incluso niñito), es un joven originario de Tokio, inseguro, idealista y de enorme rectitud moral que comienza su trabajo como profesor de matemáticas en una zona rural de Japón (Matsuyama, prefectura de Ehime). Inmediatamente, su forma de pensar (propia de un edokko o ciudadano de Tokio) colisiona con el entorno al que llega, con sus alumnos, con sus compañeros profesores…

¿Cómo hemos leído/recibido Botchan? Pues he de decir que los miembros del Club de Lectura han disfrutado con este libro. Apreciaron la rara serenidad que transmite Sōseki incluso en los pasajes más tensos o dramáticos, la contención de la exteriorización de los sentimientos y las actitudes tan peculiar, tan propia, de la cultura japonesa. En este aspecto, fuimos muy bien asesorados por nuestro compañero José Luis, el más avezado en este campo, pues es un apasionado de Sōseki. Había que tener en cuenta estas claves culturales para comprender el libro, y algunas de tipo histórico: los gobiernos japoneses de la época, empeñados en la occidentalización del país, adaptaron el sistema educativo con ese propósito (justo la época y la situación que vive Botchan), a pesar del necesario conflicto que supuso.

Por otro lado, María trajo unas fotografías de un viaje a Japón y con ellas (proyectadas en una gran pantalla) pudimos apreciar algunos de los elementos de la vida diaria de los japoneses que aparecen en la novela (los tatamis, los interiores de una casa típica, la insólita y despreocupada mezcla de tradición y modernidad que se observa en las calles, platos tradicionales de los que a menudo comía Botchan, los kimonos…).

Primeras líneas de Botchan en japonés (www.natsumesoseki.com)

Primeras líneas de Botchan en japonés (www.natsumesoseki.com)

Por último, quiero hacer notar la excelente traducción de José Pazó Espinosa para la también excelente edición de la editorial Impedimenta, que tira por tierra al célebre y desconsiderado adagio que dice Traduttore, traditore, que puede estar bien como juego de palabras pero, en mi opinión, sin consistencia.


A %d blogueros les gusta esto: